Esta es la frase final de la oración de Jonas dentro del gran pez. Dios tuvo que intervenir para hacerlo recapacitar y reconocer su mal proceder, además en su gracia lo salvó. No esperes a reconocer a Dios en circunstancias poco envidiables. Reconoce su salvación, ofrece tu vida como un sacrificio vivo y cumple las promesas que le has hecho.

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